Una sociedad sostenible debe garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad

Digamos que podríamos imaginar una sociedad con la sostenibilidad como valor transversal en forma de una gran balanza en la que, eches lo que eches en sus platillos, el peso no se decanta hacia ninguno de los dos lados. Ese equilibrio incorruptible sería el único medidor fiable del equilibrio entre todas las relaciones del planeta.

Si algo ha desestabilizado esa balanza a lo largo de la historia de las civilizaciones modernas es la preparación, es decir, las herramientas con las que cada individuo ha sido dotado por terceros a la hora de enfrentar su paso por la Tierra. Esa herramienta no es otra que la educación. La adquisición de habilidades sociales, culturales, intelectuales y cognitivas de un individuo le otorga ventaja sobre quienes no las han adquirido. Con toda probabilidad, los primeros mandaran sobre los segundos. En un mundo marcado por las grandes diferencias sociales, los primeros explotarán a los segundos. Esa diferencia cada vez mayo tendrá como consecuencia la perpetuación de un sistema de explotadores y explotados. De ricos y pobres.

 

«La adquisición de habilidades sociales, culturales, intelectuales y cognitivas de un individuo le otorga ventaja sobre quienes no las han adquirido. Con toda probabilidad, los primeros mandaran sobre los segundos»

 

La única manera de garantizar que la línea de salida sea la misma para todas las personas que participen en la carrera será que una educación en igualdad de condiciones sea accesible sin excepción. Es por ello que el cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible recogido en la Agenda 2030 está dedicado a conseguir una Educación de calidad, equitativa e inclusiva. Para los países firmantes, «los contenidos de dicha educación han de ser adecuados y contemplar aspectos tanto cognitivos como no cognitivos del aprendizaje». Asimismo, el texto destaca la importancia de la educación medioambiental, intercultural y para la comprensión internacional en la adquisición de valores y capacidades para afrontar los problemas planetarios. Al fin y al cabo, todas las fobias que han marcado las injusticias sociales de la historia nacen del mismo principio: se rechaza aquello que no se comprende.

En Andalucía el reto pasa especialmente por la integración de estudiantes de origen extranjero en sus escuelas, ya sean estas públicas o concertadas. Los alumnos extranjeros suelen ser inmigrantes que a su llegada a Andalucía parten de una situación de marginalidad. Ofrecerles una educación de calidad en igualdad de condiciones ayudará a reducir la tasa de pobreza de nuestra Comunidad en el futuro. Otro de los grandes retos que enfrenta la educación es la implantación de un apoyo material técnico y humano efectivo para los niños y niñas con algún tipo de discapacidad.

Las disparidades de género en la educación y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza debe estar también entre las estrategias para esta ODS. En 2020, en lo que respecta al sistema universitario español, se siguió observando la brecha de género en las carreras técnicas o científicas, con una amplia mayoría de estudiantes hombres.

 

«Solo mediante la comprensión podemos convertirnos en ciudadanos empáticos. Ciudadanos capaces de ver la necesidad de un mundo igualitario»

 

El gasto en educación en Andalucía en ese año fue casi un 4 por ciento superior al de 2019, esto es, el 22,75 por ciento del total del presupuesto. Un total de 7 788 899 euros destinados, entre otros puntos, a becas y ayudas, servicios complementarios de la enseñanza, formación permanente del profesorado y enseñanzas especiales.

La educación desarrolla la capacidad de comprensión y solo mediante la comprensión podemos convertirnos en ciudadanos empáticos. Ciudadanos capaces de ver la necesidad de un mundo igualitario.  Esa es la importancia de invertir en la mejora y la accesibilidad de nuestro sistema educativo.

 

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