Ganar sin Europa

Si Europa ha demostrado tener algún objetivo con respecto a los acuerdos medioambientales como Fit For 55, el Pacto Verde o Europeo o la Agenda 2030, es que una vez cumplidos los plazos lo que importará es haber elegido la vía más lucrativa. La suerte del planeta y su habitabilidad es lo de menos.

El Parlamento Europeo ha respaldado la propuesta de la Comisión Europea de incluir el gas y la energía nuclear dentro de la taxonomía verde. Esto es, en pocas palabras, que estas dos fuentes energéticas quedan equiparadas a las renovables y que, por lo tanto, optan al mismo nivel a la hora de recibir cualquier financiación destinada a impulsar la transición energética. Dicho de otro modo, se puede invertir ese dinero en que las cosas sigan tal y como están. En mantener un modelo de producción manifiestamente fallido.

Podrán acceder a estos mecanismos de financiación verde todas aquellas plantas nucleares cuya planificación de construcción se establezca de aquí a 2030 y que emitan menos de 270 kg de CO2 por KW/h, aunque las obras se prolonguen varios años después, algo habitual en este tipo de construcciones. Además, pasan unos 15 años desde que se termina una planta nuclear hasta que se conecta con la red. Con este panorama, quedan décadas de emisión de gases y producción nuclear. Un tiempo del que la ciencia ha repetido, ya no se sabe cuántas veces, el planeta no dispone. Y esto es fundamental que todo el mundo lo entienda para que este tipo de propuestas ganen entre los mandatarios pero no entre el pueblo, que puede hacer frente a sus decisiones irresponsables y sociopatas: plazos como el de la Agenda 2030 establecen puntos sin retorno, es decir, si las emisiones de gases y los índices de contaminación no remiten lo que los objetivos marcan, la vida en La Tierra dejará de ser posible.

 

«Con este panorama, quedan décadas de emisión de gases y producción nuclear. Un tiempo del que la ciencia ha repetido, ya no se sabe cuántas veces, el planeta no dispone»

 

Pero estaríamos siendo optimistas si creyésemos que la temeraria postura de los intereses de Europa solo traerá consecuencias nefastas para el medio ambiente. La guerra de Ucrania podría ser la punta de lanza de una cadena de conflictos bélicos motivados por los intereses en energías como el gas fósil y Europa acaba de firmar esa guerra al implulsar miles de millones de financiación para las explotaciones en Rusia. Por otra parte, la apuesta por el gas podría aumentar la volatilidad del mercado energético y la dependencia del exterior. Según un informe publicado por la consultora Aurora Energy Research, esta decisión podría conllevar, en algunos países de Europa, una subida notable en la factura de la luz de hasta el 44 por ciento para finales de esta década.

El cuento de la transición energética no ha sido fácil de creer. Y flaco favor se hace el Parlamento Europeo con este tipo de tropiezos en una carrera en la que la unión sin fisuras de todos los habitantes del planeta es la clave para llegar a la meta a tiempo. Europa corre como lo ha hecho siempre, soltando el lastre que le supone tirar del carro de toda su población. Será una vez más el pueblo el encargado de no permitir el desaliento de tanta fullería. Serán los empresarios de cada región y la responsabilidad de las empresas los que decidan el futuro del planeta corriendo en el sentido adecuado, que no es el que marca una cabeza de pelotón que más bien nos lleva de culo. Es el momento del spring final de una carrera en la que hay que dejar atrás a los que nunca cuentan con nosotros para sus deshonestas victorias.

 

Imagen superior: Nicolas Hippert – Unsplash

 

 

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