Hacia el ‘hambre cero’ en sentido contrario

 

Aunque parece un título sacado de cualquier revienta taquillas de ciencia ficción, colas del hambre es la denominación que ha recibido una de las situaciones más dolorosas que hemos vivido los andaluces. Y, de tener que relacionarlo con algún género ficticio, sería el de terror. Se nos ocurren pocas situaciones que puedan generar más pánico que la amenaza constante de dejar de poder comprar alimentos no solo para la propia alimentación, sino para la de la familia. Si alguna la supera, es la de verse finalmente haciendo cola a las puertas de un comedor social. Desde hace varios meses, a la mitad de muchas de esas colas, ni siquiera se ve ya la puerta a la que dan.

En todo el mundo, tras décadas de una disminución constante en el número de personas que padecen hambre (medido por la prevalencia de desnutrición) volvimos a ver un nuevo aumento desde 2015. Se estima que cada año tenemos diez millones más de personas en situación de desnutrición, lo que ha llevado a que la cifra actual sea de cerca 690 millones de personas que padecen hambre.

 

«En el caso de Andalucía, se estima que la cifra actual de personas en riesgo de hambre ha ascendido a 500 000 durante lo que llevamos de crisis. La pandemia ha tenido un fuerte impacto para las familias más vulnerables, pero también en las familias que contaban con una economía sana y que ahora ven perdidos sus negocios»

 

Esta situación convierte el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible planteado por la ONU como parte de la Agenda 2030, ‘Hambre Cero’, en uno de los peor encaminados de todo el programa. De seguir esta tendencia, en 2030, en lugar de cero personas con hambre tendremos 840 millones de personas.

El hambre en el mundo encuentra su origen en diversos factores como los conflictos causados por los seres humanos, el cambio climático y las recesiones económicas. Sin embargo, todas estos motivos se han visto agravados en los dos últimos años por la situación de la Covid-19. No solo han aumentado a casi el doble de velocidad la cifra de personas en riesgo de pasar hambre, sino que la distancia social entre ricos y pobres ahora es más larga. Muchas familias han perdido sus negocios, mientras que las grandes corporaciones han visto aumentados sus ingresos y oportunidades de crecimiento gracias a esta situación.

En el caso de Andalucía, se estima que la cifra actual de personas en riesgo de hambre ha ascendido a 500 000 durante lo que llevamos de crisis. La pandemia ha tenido un fuerte impacto para las familias más vulnerables, pero también en las familias que hasta antes de esta situación contaban con una economía sana y que ahora ven perdidos sus negocios. Desde el inicio de la pandemia en nuestra comunidad se han llevado a cabo numerosas acciones de ayuda para los andaluces afectados. Se calcula que entre todas se han invertido unos 60 millones de euros entre ayudas del gobierno, bancos de alimentos, colaboraciones de Cruz Roja, etc.

 

«La caridad no es un sistema sostenible. Si al final de la cola solo se encuentra la certeza de que mañana volveremos a vernos, las ayudas serán poco menos que el paliativo para una sociedad que agoniza»

 

Estas ayudas son necesarias para que todas esas familias puedan sobrevivir al hambre un día más. Pero la caridad no es un sistema sostenible. Si al final de la cola solo se encuentra la certeza de que mañana volveremos a vernos, las ayudas serán poco menos que el paliativo para una sociedad que agoniza. El hambre cero es un objetivo que necesita de un saneamiento concienzudo de nuestro sistema de producción, reparto de los recursos y acceso a los medios de producción en igualdad de oportunidades para todo el mundo.

 

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