No pierda la oportunidad: disfrute de las ofertas andaluzas para sus residuos tóxicos

De poco o nada sirve que las empresas andaluzas se esmeren en llevar a cabo formas de producción respetuosas con el medio ambiente si desde el Gobierno del Estado venden el territorio andaluz a aquel que quiera desprenderse de sus residuos tóxicos y no sepa dónde meterlos.  Ese gobierno de coalición de izquierdas que recita la Agenda 2030 y la Estrategia para el Desarrollo Sostenible como quien canta el estribillo de la canción del verano.

Las alarmas saltaron cuando Sevilla asistió, a principios de febrero de 2022, al paso de un barco carguero por el río Guadalquivir y poco después se supo que venía de descargar 10 000 toneladas de residuos tóxicos procedentes de un astillero de Montenegro, que venía de hacerse la friolera de 3 000 kilómetros desde los Balcanes, bordeando el Parque Nacional de Doñana en su último tramo para soltar la incómoda carga en Nerva, un pueblo que carga con el vestigio de la antigua y rica comarca minera de Río Tinto. Cabe preguntarse cómo ha debido ser la ganga que Montenegro ha encontrado en nuestro territorio para que le compense el viaje.

La zona hasta ahora ha dedicado el espacio a un turismo nostálgico en el que el visitante se pasea en tren por lo que fue la explotación minera para contemplar ese paisaje marciano. Pero aquí como todo lo que no sea exprimir al máximo la naturaleza parece que no renta, si aquello no da para construir macrohoteles, centros comerciales y saturar espacios naturales con restaurantes y apartamentos vacíos las tres cuartas parte del año, la cosa no renta. Y un paseo en tren con un bocadillo y una botellita de agua no le llena los bolsillos a ningún cargo político. Así que mejor construir el mayor vertedero de residuos tóxicos a cielo descubierto a escasos 700 metros de Nerva. Algo que, como han declarado las plataformas ecologistas de la zona, es ilegal. Un vídeo publicado por Ecologistas en Acción muestra cómo la descarga de los camiones levanta una inmensa nube de residuos tóxicos.

 

 

«Ya vemos a los cargueros de todo el continente cuadrando agendas, cuando toda Europa se entere de que también somos la región más barata para deshacerse de sus residuos tóxicos. Entonces nos va a llegar, literalmente, la mierda al cuello mientras vemos la sostenibilidad, a nivel político, convertirse en una letanía parlamentaria»

 

El trato no está exento de falsas promesas, ya que la Junta de Andalucía y los grupos políticos convencieron a los vecinos contrarios a la creación de empleo para gestionar los residuos y que solo se atenderían los procedentes de puntos concretos de Andalucía. En algún sitio tenemos que meter nuestra propia porquería, ¿pero la de un astillero balcánico?

Resulta que el carguero montenegrino ha sido el descuido que ha llevado a conocer que desde la apertura del vertedero tóxico han estado llegando residuos altamente contaminantes desde Portugal, Francia, Italia y otros puntos de Europa durante los últimos años, al punto de que a día de hoy ese espacio concebido como un proyecto sin riesgos y beneficioso para la población cercana, a día de hoy está colmado. Se ha ido llenando mientras la ciudadanía se tragaba un discurso ahora frívolo sobre la necesidad de una conciencia sostenible, que muchas empresas han adoptado y que ahora pueden sentir esa sensación de ridículo que provoca el desengaño. ¿Cómo convencemos a esos empresarios y empresarias de que merece la pena ese esfuerzo de trabajo y de la economía? Porque no hay que olvidar que la producción sostenible a día de hoy, además de investigación y trabajo, exige un sacrificio económico.

Ya podemos venderle a Europa que aquí no solo sale barato venir de vacaciones, aunque las principales ciudades turísticas, especialmente las andaluzas, ya no soportan más de ese turismo voraz y dañino para el litoral del que nos reponemos septiembre tras septiembre. Esperad a que los alemanes y los británicos se enteren de que tenemos una oferta más atractiva que comprar un terreno barato para la jubilación. Ya vemos a los cargueros de todo el continente cuadrando agendas, como el Puerto de Cádiz para encajar cruceros, cuando toda Europa se entere de que también somos la región más barata para deshacerse de sus residuos tóxicos. Entonces nos va a llegar, literalmente, la mierda al cuello mientras vemos la sostenibilidad, a nivel político, convertirse en una letanía parlamentaria.

 

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