Voto diario

Votamos cada cuatro años, pero ese colosal logro –del que carecíamos hasta hace poco– es pecata minuta respeto a la ‘votación’ que hacemos cada día: qué productos compramos, que energía contratamos, a quién damos nuestro dinero. En nuestra cotidianidad está la semilla de la Revolución del Sentido Común, la ambiental: la de cambiar nuestra depredación por una forma de estar en el planeta que deje vida a quienes nos siguen.

Soy optimista. No pienso que haya tantos memos en nuestro país como parece cuando hablamos de medio ambiente. Más bien considero que existen muchos intereses económicos privados, de gran potencia, a los que dan cobertura los medios de comunicación y las personas influyentes que reciben parte de la derrama de dinero.

Pongo dos ejemplos. El diésel. La OMS ha dictado en dos ocasiones informes sobre cómo su humo provoca cáncer, sin paliativos. Cuando se plantea gubernamentalmente el fin del diésel dentro de quince años parece que se va contra El Ciudadano y La Economía, sin matices.

Sigamos: la energía. Quienes fomentan la energías renovables poco menos que son unos iluminados. Es más, un señor hasta hace poco aspirante a presidente de Gobierno no las creyó alternativa real porque el sol se pone cada día (y otro, que sí llegó a presidente, declaró que el cambio climático no existía, pues se lo había dicho su primo, catedrático de Física en Sevilla). Ahora que gas y petróleo ruso dejarán de llegar, y probablemente tengamos que restringir el gasto energético, miramos a sol y viento de otra manera.

 

«Ahora que gas y petróleo ruso dejarán de llegar, y probablemente tengamos que restringir el gasto energético, miramos a sol y viento de otra manera»

 

En ambos casos están en medio dos de las más poderosas industrias –petrolera y automovilística–, capaces de marcar el paso a cualquier grupo de comunicación, a cualquier persona que prefiera no esforzarse en pensar. Es muy posible un caos en algo tan básico como la energía si no damos los pasos hacia la sostenibilidad. Un caos del que hemos tenido un ensayo general con todo con ese virus que ha hundido la economía.

A la vez, miles de ciudadanos van colocando paneles solares en sus viviendas. No pocos hacen su pan, tienen su huertecito en la azotea. Muchísimos reciclan, cogen la bici. Existe, como siempre, una avanzadilla –también en ámbitos gubernamentales– que va sembrando la única opción posible para prolongar nuestra existencia como especie, la de gastar menos planeta del que podemos consumir sin esquilmarlo. Y Andalucía dispone de la base, algo que ha ocurrido poquísimas veces en su historia, para liderar a Europa.

Andalucía cuenta con poquísimos sectores en los que no haya de temer que otros países más baratos le echen el pie encima. Los únicos dos que se me ocurren son el turismo basado en la riqueza de nuestro entorno natural (playas y zonas forestales) y las energías de sol y viento. Dos industrias no deslocalizables, siempre estarán ahí generando liderazgo e ingresos. Ninguna otra diferente a esas dos está a salvo de que en otras zonas hagan mejor o más barato el mismo producto o servicio.

 

«No hacen falta urnas cuatrienales para cambiar el mundo, sino la diaria caja registradora. Pensemos antes de comprar. Tras la pandemia pareció que iba a ocurrir algo maravilloso con ese espontáneo apoyo a los comercios de cercanía»

 

La avanzadilla social y política –también hay empresarios– va sumando tropa al ejército del sentido común, de la sostenibilidad. Queda demasiada tarea. La emergencia de políticos de ultraderecha no juega a favor de este sentido común. Sus mensajes son muy sencillos, casi adictivos: derecho a la caza, gasolina barata, turismo masivo de playa, los linces son caros, el clima no cambia, el ecologismo es de progres. Ninguno de estos ejemplos dejan de verse a día de hoy en un amplio sector de los medios y de la clase política.

No hacen falta urnas cuatrienales para cambiar el mundo, sino la diaria caja registradora. Pensemos antes de comprar. Tras la pandemia pareció que iba a ocurrir algo maravilloso con ese espontáneo apoyo a los comercios de cercanía. Pues, eso, reparemos en que la industria siempre nos sigue, es decir, sigue a nuestro dinero. Tirémosle de la correa, cambiemos el mundo, compremos como si votáramos.

 

Imagen superior: Element5 digital – Unsplash

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Molina

Director de Tierra 7 y Andalucía es Naturaleza

 

 

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